lunes, 13 de abril de 2009

La fuerza del anonimato

«Nadie es un desconocido total. Hay quienes ni siquiera pueden intentar serlo. Otros consiguen prolongar un poco más su intriga, aunque no se tarde en desenmascararlos demasiado y, como suele decirse, “ponerlos en su lugar”. Es a quienes somos capaces de mantener por más tiempo una apariencia de clase media que nos es dado gozar de comarcas en las que reina sólo la comunicación, en algunos casos hasta exaltada por todo tipo de emociones compartidas. La ecúmene del lenguaje nos ha rescatado de lo real, nos ha deparado la ilusión de que era posible ser nadie, ser cualquier, ser todos; perder nombre y domicilio; no haber nacido antes de ese momento. Habíamos creído que nos era dado esconder nuestra vida, pero no hemos podido; nunca podemos del todo. Siempre brindamos más información sobre nosotros de la que nos imaginamos y de la que desearíamos. Seguramente tenía razón Ortega y Gasset cuando, en uno de los artículos del volumen VIII de "El espectador", el titulado "El silencio, gran brahman", escribía: “Somos transparentes, los unos a los otros”. Benjamin llegó a una conclusión parecida cuando, en su famoso ensayo sobre Baudelaire, reconocía que “nadie es del todo indescifrable”. Por eso es inútil resistirse a la identificación, porque nos pasamos el tiempo aplicando sobre los demás lo que los demás aplican sobre nosotros: un entramado preexistente de categorías, algunas de las cuales excluyentes e incapacitadoras. Porque los participantes en cualquier encuentro aplican esquemas perceptuales y reproducen principios normativos que determinan la definición y el transcurso de cada secuencia de acción, no podemos evitar que los pequeños detalles nos delaten. Podemos sacrificar nuestra identidad en orden a ser aceptables para los otros, pero falta que los otros acepten y den por buena la ofrenda. No existen, salvo en el campo de lo virtual o de la fantasía, sociedades desencarnadas, relaciones inmateriales entre seres sin un cuerpo. Más tarde o más temprano aquellos con quienes estamos reconocerán las marcas visibles o invisibles que detentamos sin querer y en las que está inscrito quiénes somos, cómo hemos llegado hasta aquí y a dónde es donde queremos ir a parar. »
(lo publica Manuel Delgado, pero no sé quien lo ha escrito)

A vueltas con la sinceridad

Volviendo a la sinceridad, a lo difícil que resulta a veces ser sincero, yo también me planteo a veces si no soy demasiado sincera, en el blog: si debería evitar decir según qué. Por ejemplo, que tengo una enfermedad mental... que he intentado suicidarme tirándome al tren... que tengo un empleo haciendo el mismo trabajo que los discapacitados... es evidente que todo eso no debería decirlo, porqué son cosas personales de las que si las dices se pueden derivar más perjuicios que beneficios. Es evidente que todo eso que explico está estigmatizado. Explicar todo eso soy consciente que es como ese muñequito el día de los inocentes que yo misma me cuelgo. Pero me doy cuenta que, si bien resulta difícil explicarlo, ha llegado un punto que para mí lo difícil sería no explicarlo... Quiero decir que reprimir la necesidad de decir algo que tienes muchas ganas de decir rompe el flujo de la creatividad; eso me ha pasado: se me ocurre un post que descarto por demasiado comprometedor, no lo escribo y entonces no se me ocurre nada hasta que finalmente lo escribo, a pesar de todo. Es decir, que me quedo bloqueada hasta que no digo lo que realmente, inconscientemente, quiero decir... Esta manera de funcionar es un poco cabreante... Es decir, que a pesar del estigma, a pesar de la dificultad de decir según qué, digo lo que digo porqué es lo que quiero decir, lo que me sale de los cojones decir. Y, en realidad, no me gusta demasiado que sea así... Como escritora, veo que me gustaría hablar de temas más “honorables”, “intelectuales” y “políticamente correctos”... Pero en fin, volvemos a aquella reflexión con la que empezaba este blog respecto a que he de aceptar mi material... Y si no puedo tener una enfermedad honorable, si no puedo ser tan intelectual como me gustaría, y si a veces no puedo ser todo lo políticamente correcta que debería... pues he de aceptarlo. Ahora, a buen seguro que las vecinas, sobretodo aquellas que miran cuantos juegos de sábanas colgamos en el balcón, se escandí lazarían profundamente... (en caso de poder leerlo, que no sé ni si saben...) ¡Y no hace falta decir que es así como me gusta!

domingo, 12 de abril de 2009

La infinita contradicción

Ya lo veis: yo que siempre os digo que quiero ser una autora de culto, leída por unos pocos lectores que entiendan un poco del asunto, y hoy me descuelgo diciendo que querría estudiar el porqué una autora como Corín Tellado es tan leída. ¿No significa eso que yo también querría ser así de leída?

El caso es que en eso, como en tantas cosa en la vida, no creo que esté en condiciones de escoger. Yo escribiré lo que pueda y será leído por quien le guste. Y eso no podrá ser nunca fruto de un cálculo. Cómo mínimo, yo no puedo calcularlo, ¡ya me gustaría estar lo suficientemente informada para poder hacer una obra que fuera muy leída conscientemente! Sí, sí, me gustaría ser muy leída. Ahora, eso no quita que quiera hacer una obra de calidad. Es decir, me gustaría la popularidad de Corín Tellado, pero escribiendo como Borges... (No hace falta que os ahorréis la media sonrisilla, que no os veo...) Pero claro, llegar llegar, sólo llegaré donde modestamente pueda, seguramente quedándome ni tan solo a medio camino de ambos, aunque me gustaría más quedarme a medio camino de escribir bien como Borges antes que quedarme a medio camino de ser popular como Corín Tellado, francamente...

Otra cosa es la sinceridad. Parece que, por lo que he dicho, cualquiera que se ponga a escribir sinceramente ha de tener éxito. Y, por ejemplo, en el mundo de los blogs, la mayoría de los que escribimos somos sinceros y tampoco es el éxito que tenemos fuera del coto... Por tanto, con la sinceridad solamente no es suficiente. Pero es muy importante, y es un elemento más difícil de conseguir de lo que parece. Poco a poco, intentaré descubrir el resto de ingredientes, y la alquimia de su combinación. Para mí, ¡una aventura más emocionante que ir a la luna! (O que salir de casa...)

Sinceridad y éxito

Ayer murió Corín Tellado, la autora de novelas rosa en lengua castellana más popular de todos los tiempos. Yo no he leído nunca nada suyo, pero una vez leí que Julio Cortázar la había leído alguna vez, como evasión, y eso hizo que me la mirarse con un poco más de respeto. Quiero decir que no todo ha de ser lectura “elevada”; a veces va bien inyectarse una pequeña dosis de escritura que no ha sido repasada. Porqué también leí eso, que Corín Tellado no repasaba nunca nada de lo que escribía. Lo que más me sorprende de esta manera de trabajar es que no fuese incoherente, pero en fin, cada cual tiene sus métodos. Jamás la he leído, pero alguna vez me había planteado leerla para saber “como escribía” alguien tan leído; pero por otras experiencias con autores muy populares que he leído por la curiosidad de ver qué escribe alguien que tiene tanto éxito, sé que esta clase de libros no me gusta. Además, Corín Tellado tuvo éxito durante una cierta época en unas circunstancias históricas concretas, diferentes de las actuales; me parece que últimamente no debía vender tanto... De lo que estoy segura es que ser la más leída no fue algo que ella estudiara y que dijese “escribiré así y seré la más leída”, sino que escribió como le salió del corazón, y, por circunstancias que ella no pudo controlar, se convirtió en la más leída. Por tanto, la enseñaza es obvia: estudiar sus novelas para intentar deducir qué las hizo tan leídas sólo me llevaría a la conclusión que para ser muy leído, lo primero que debe hacerse es ser sincero con lo que realmente te interesa y disfrutas escribiendo. Por lo que puedo deducir, ella escribía sobre sus fantasías románticas más íntimas... Yo misma decía que escribiendo sin repasar se podían colar incoherencias... Bueno, quizá no era incoherente precisamente porqué era absolutamente fiel a lo que sentía que debía escribir, a lo que a ella le gustaba pensar. Eso, ser coherente con uno mismo, con lo que realmente te interesa y te pasa por la cabeza, no es tan fácil como puede parecer a primera vista. Por ejemplo, a mí me daría un poco de vergüenza escribir mis fantasías románticas, que también las tengo: pensaría que nadie tiene porqué meter la nariz en ellas; además, a mí me gusta parecer una persona seria. Pero es precisamente aquí, donde se juntan la imaginación y la fantasía, donde nos desnudamos realmente. Y escribiendo se trata de desnudarse, ni que sea pudorosamente. Pero, a veces, sobretodo si has de salir a la intemperie, te hace sentir más segura ir un poco guarnecida...

viernes, 10 de abril de 2009

Garabatos

“El poder es como un violín: se coge con la izquierda y se toca con la derecha.”
(escrito en una pared)

“Las personas que no escriben tienen una ventaja: que no se comprometen.”
Goethe

Mea culpa

Me doy cuenta que ayer hice un par de consideraciones sobre dos escritoras: que si una hace unos poemas “igual de malos”, que si a la otra “le falta grado”... Me parece que tener mala leche no es lo mismo que ser una buena crítica literaria, por tanto os ruego que no me hagáis demasiado caso cuando me ponga a juzgar por encima del hombro obras contemporáneas, porqué no tengo ni la más remota idea. Escribo, y por tanto tengo pretensiones de saber algo del asunto, pero no puedo rellenar aquella casilla que había en los cuestionarios escolares y que decía “justifica tu respuesta” (que es lo que más disfrutaba contestando). En cuestión de crítica literaria, justificar la propia respuesta es casi más difícil que expresar una opinión sincera, o incluso que tenerla. Si trabajase en un periódico o una editorial, dejaría bien a los autores de “la pandilla” y diría pestes de los demás, pero de momento estoy un poco pez en lo que se refiere a los intereses a los que me sería imperativo servir que ello me diese de comer, o sea que no sé exactamente a quien he de dejar bien y a quien he de criticar para conseguirlo. Escribo lo que me dice el corazón; a favor mío puedo decir que las críticas no son fruto de un cálculo económico o de un interés, sino de una opinión desinformada. (La desinformación también podría ser la razón por la que no estoy en un periódico, que no todo es cosa de interés, también hay que saber un poquito...) Los poemas son suficientemente buenos (y me gustan) y Amélie Nothomb es una escritora mejor que la media de los escritores contemporáneos, estoy segura de ello, aunque no lea a muchos escritores contemporáneos. (Todos los escritores contemporáneos me parecen leche desnatada frente a las obras que leo normalmente.) Supongo que la culpa de que yo sea tan exigente con la obra de los demás la tienen mis lecturas “elevadas”. Ojalá pudiera ser tan exigente con mi propia obra, e igual de objetiva... A buen seguro que no tendría tantas pretensiones...

jueves, 9 de abril de 2009

Escribir en femenino

Hoy he encontrado una página con poemas de una persona que fue profesora mía de escritura creativa. Todavía no me he recuperado. Ha sido un gran impacto el saber que, ¡ella también! ¡¡¡tiene un blog!!! (sí, sí, como esta que viste y calza y que fue su humilde alumna). La verdad es que hacia años que no pensaba en ella, pero habría sido la última persona que me hubiera pensado que se pondría a escribir... ¡gratis! Los poemas continúan siendo igual de malos que los de cierta persona a quien quiero mucho (es sólo puro narcisismo?), ¡pero ella enseña a escribir novelas!

Luego, he leído un texto sobre Amélie Nothomb, una escritora que descubrí hace poco, y que me gustó, pero no para leer de ella más de un libro, aunque igual me lío la manta a la cabeza y reincido el día que necesite algo ligerito. Es como el champán: hace mucha burbuja, pero como bebida alcohólica le falta grado. Es leche desnatada. Pero lo que más me interesa de esta escritora es que escribe cada día durante cuatro horas... ¿seguidas? Yo no escribo durante cuatro horas al día. ¿Significa eso que nunca publicaré nada? No sé, yo procuro estar por la calidad, no por la verborrea. A veces es mejor escribir menos y profundizar más. Quiero decir que escribiendo durante cuatro horas seguidas, como mínimo si yo lo hiciera me pasaría, se vomita mucha paja. Y se debe ir al grano. Pero, claro, ella vive de escribir y yo no. El día que pueda pasarme cuatro horas vomitando grano ya seré vieja. Dicen que lo que te hace libre no es el dinero, sino cumplir años. Estoy esperando a cumplir un par de docenas más para decir cuatro cosas bien dichas que hace años que tengo ganas de decir... pero son cosas de aquellas que “después de mí el diluvio”, o sea que quizá mejor esperar a peinar canas. Tengo 32 años y todavía ninguna cana... hay quien se encarga de informarme que si no me salen canas quiere decir que me quedaré calva... ¡no sabéis con qué impaciencia las espero! Aunque creo que calva también estaría muy guapa. ¡Entonces sí que daría la campanada!

Dos escritoras publicadas (tengo un libro de cada una) que tampoco saben como hacérselo para que alguien las ame... veo que no soy tan única como eso... (¿es cosa de mujeres? – lo que pasa es que un hombre no lo confesaría. De hecho, ellas tampoco lo confiesan con todas las palabras.) Una vez un elemento me dijo que las mujeres (que somos el diablo) estamos muy necesitadas de afecto. Jamás había caído que eso pudiera pasar alguien más que a mí... hablo poco con la gente, ya lo sé. Pero es que la gente tampoco te dice estas cosas. Ni tan sólo se lo dicen a si mismos. Supongo que, en el fondo, a todo el mundo le pasa. Escribir... buscar el amor.. buscar el amor.. escribir... De hecho, es comprensible que haya quien meta la cabeza en el horno. Cómo mínimo se está calentito...

Pensamiento vivo

«No queda excluido que, muy pronto, veamos escritos teóricos redactados de una manera más personal y más fragmentaria, es decir, asistemática. El fragmento, el escrito íntimo, la meditación personal son susceptibles de convertirse en los instrumentos más adecuados para comunicar un pensamiento vivo. »

(traducción de Victoria Cirlot y Amador Vega)
Mircea Eliade
Notas sobre el Diario de Ernst Jünger
El vuelo mágico

miércoles, 8 de abril de 2009

El vuelo de la reina de la ruda

Parece que ponerle al blog el monárquico nombre de El vuelo de la reina de la ruda me había hecho perder un enlace muy querido... Sé que había prometido que explicaría el porqué de este nombre, pero me doy cuenta de que lo he liquidado y todavía no lo he explicado.

Una reina de la ruda es como se llama en catalán a una clase de mariposa amarilla. Cuando éramos pequeñas encontramos una oruga verde con motitas preciosa y la guardamos en un tarro y le dimos hojas de morera. Al cabo de un tiempo, se recubrió con un capullo verde, como si fuese un gusano de seda en color, y al cabo de un poquito más, salió del capullo una mariposa, amarilla, preciosa. Alguien la quería pinchar con una aguja para la colección, pero yo abrí el tarro, abrí la ventana, y voló: el vuelo de la reina de la ruda.

La primera vez que estuve internada en el psiquiátrico, se me pidió que hiciera un dibujo, y dibujé a la reina de la ruda, volando, en colores: el vuelo de la reina de la ruda.

Para mí, este nombre no tenía un significado monárquico –y vérselo me parece ser más papista que el papa, de un republicanismo mal entendido, exacerbado y exagerado-. Lo escogí para indicar que, para mí, escribir es la capacidad de volar en libertad: el vuelo de la reina de la ruda.

lunes, 6 de abril de 2009

La satisfacción

He estado casi una semana sin escribir nada. Circunstancias, desgana... ¿Qué sentido tiene escribir el blog? ¿No le cuadraría mejor a mi ambición escribir lo mismo en un papel y guardarlo en un cajón durante diez años? Pero hoy he leído no sé dónde que el acto de escribir no se realiza hasta que el lector le aporta su granito de arena... Quiero decir que escribir sabiendo que nadie ha de leerlo es un acto estéril... y, de acuerdo, antes de “publicar” se debería madurar un poco... ¡pero poner los propios garabatos en el escaparate es tan tentador! ¿Qué se busca realmente? ¿Qué buscamos? No es la gloria, no es el dinero.... pero es algo de lo que no puede prescindirse tan fácilmente... ¿Es el amor? ¿Sentirnos leídos equivale a sentirnos queridos? ¿Es la satisfacción de la vanidad o del orgullo? Se busca, buscamos, la satisfacción. Lo dejaría aquí.