domingo, 22 de febrero de 2009

No quería decirlo...

No quería hablar de ello... pero no me lo saco de la cabeza... ya sé que dije que no se debía hablar de religión... que podían herirse susceptibilidades... pero... ¡qué carai!

Me gustaría hablar de porqué no creo en el cielo, en ir al cielo después de la muerte... y tampoco en ir al infierno si te has suicidado...

Dicen que en el cielo, donde seremos felices, nos encontraremos con las personas queridas... Imaginémonos una mujer muy enamorada de su marido. El marido se muere, y después de un tiempo, ella vuelve a casarse, también muy enamorada. Llega el momento de morirse, y se da cuenta que, aunque de manera distinta, ha sido feliz con los dos. Y ella no ha hecho nada pecaminoso, se casó con uno cuando el otro estaba muerto, con ambos se casó por la iglesia y a ambos les ha sido fiel... es una mujer que tiene todos los números para ir al cielo. Los maridos también merecen ir al cielo. ¿Con cual de los dos va a encontrarse, en el cielo? ¿Cómo lo resuelve, esto, dios? De verdad que me gustaría saber que dice de ello un teólogo, pero yo no creo que aquí haya una solución sencilla y natural... como debería ser si el cielo existiese...

Siendo una paradoja así posible... ¿no es evidente que eso de “ir al cielo” es un símbolo? ¿Una manera de hablar que nos consuela? Me suena mejor hablar de “reposo eterno”, francamente, sin esperar ningún cielo...

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