sábado, 31 de octubre de 2009

Hivernación con un ojo abierto

Continuo aquí: Lazos imaginarios, y ahora sí que va en serio.

viernes, 30 de octubre de 2009

Hundimiento

No es que haya dejado de escribir en el blog, pero no se me ocurre nada.

Creo que debería escribir otras cosas que no fueran el blog.

De hecho, no sé si volveré a escribir.


Escribir siempre ha sido muy importante para mí, pero de golpe y porrazo me siento incapaz de articular, de exponer las ideas. De hecho, siento que ni tan sólo tengo ideas. No tengo ganas de decir nada. Llega el invierno... lo ideal sería poder invernar. Meterme en un tronco de árbol bien aislado y que no hiciera falta volver a salir de él nunca más...

martes, 27 de octubre de 2009

Ohhh...

A veces, la realidad es un artefacto que me deja estupefacta...

lunes, 26 de octubre de 2009

La fuerza de la mirada

Una vez acompañé a mi librero a qué le hicieran una sesión de fotos. Esta amiga lo que quería es que le hicieran un “book” como los de las modelos, aunque tengo entendido que los books de verdad no los paga la modelo, sino que un book es el testimonio en imágenes de todos los trabajos que la modelo ha tenido a lo largo de su carrera. Bien, por el caso, ella no era modelo pero quería posar como si fuera una modelo, para tener, cuando sea vieja y fea, pruebas de lo bonita que era cuando era joven y bonita; vaya, esta es la única explicación que se me ocurre para querer hacerse una serie de fotografías de estudio de este tipo. Mi librero se compró un vestido de noche para posar en ellas y todo. Yo fui testigo de toda la sesión, por otro lado un “rollo papatero”. Cuando hubo acabado las fotografías, el fotógrafo dijo: “muy bien, no creí que fueras a darme tanto”. Yo pensé... (sic) ¿dar tanto? ¿Qué es exactamente lo que una modelo ha de dar al fotógrafo? Ojeando revistas del corazón me he dado cuenta. Me parece claro: un fotógrafo quiere una “mirada de polvo”, que digo yo, es decir, que mires a la cámara (y por tanto al fotógrafo y a la persona que va a mirar la fotografía) como si fueras a follar con él. Es esta cara con la que todas las modelos salen en los anuncios, y no quiero decir los anuncios de las revistas porno, sino los anuncios normales de revistas y televisión: la cara de polvo. Y que reza: “si compras este producto será como si estuvieras follando conmigo, como si yo te amara”. Debe ser una mirada sincera, debe ser una mirada poderosa, y debe ser una mirada cálida. Íntima. Una mirada en que la modelo se deje la piel. Saber hacerla se llama “posar”. Fijaros bien: las mejores modelos no son las más rubias, las más agraciadas o las más delgadas (porqué todas las chicas que quieren ser modelos son rubias, agraciadas y delgadas). Lo que hace la diferencia es dominar el arte de posar, el arte de mirar a la cámara con “mirada de polvo”; saber transmitir el sexo ( ¿o es el amor?) con la mirada. Y eso no tiene nada que ver con estar desnuda físicamente, es la mirada la que debe desnudarse. La modelo debe mostrar que se siente querida; para ello el feeling con el fotógrafo es muy importante; y no creo que la expresión de amor en los ojos pueda retocarse con ningún photoshop. ¿No habéis oído decir nunca aquello de “la cámara la adora”? Es porqué saben mirar a la cámara así. Evidentemente, esta amiga mía no sabe poner esta “mirada de polvo”, ni tan sólo sabe que eso exista, y las fotografías quedaron como las de cualquier persona de la calle un poco agraciada que se hace fotografías, no como las de ningún book de modelo. Pero ella ya estuvo satisfecha con ellas, y yo, después de picar-me de pie todo el rollo de la sesión para acompañarla, pues también. Al final de la sesión, apelando a mi vanidad, el fotógrafo mostró interés en convencerme para que yo también me dejara hacer este tipo de fotografías... ¡horror y terror...! Yo no dejaría que nadie me robara el alma. No me las hice. Y no me arrepiento de ello. Suficientes problemas tengo para encontrar a alguien a quien mirar de esta forma en la vida real, ¡cómo para ir dejando que me retraten!

domingo, 25 de octubre de 2009

Las muñecas de famosa se dirigen al portal...

Con toda esta murga del cambio de hora, no entiendo por qué no sale una secta que propugne hacer las cosas a la misma hora que las hacías en hora vieja: es decir, si te levantabas a las 8, ahora levantarte a las 7, que serían las 8 en la hora vieja; la misma hora a la que te levantabas todos los días. Si comías a tal hora, comer a tal otra para coincidir con la hora vieja; la misma hora a la que comías todos los días. Y así irlo trampeando hasta que vuelvan a cambiar la hora y tus horarios coincidan con los “oficiales”. Ya lo sé, ya lo sé: si has de ir al trabajo o a la escuela, algo así es impensable. Pero de verdad que me extraña que en un mundo donde cada vez hay más movimientos, organizaciones y grupúsculos, no surja ninguna secta (o grupo del facebook) que lo propugne...

sábado, 24 de octubre de 2009

Fumando espero

Yo no fumo pero alguna vez he tenido un cigarrillo entre los dedos. La última vez que fumé fue en una cena de trabajo, de aquellas tan típicas que se celebran en las Navidades. Un compañero de trabajo guaperas me dio fuego (ay, aquellos dedos...) y yo empecé a chupar el cigarro. Pero... pronto me di cuenta que una compañera que fumaba, una de estas personas tan mundanas que saben ir por los sitios, me miraba con una cara de pena... Me di cuenta que le daba pena porqué yo no sabía fumar, no sabía coger el cigarro, no sabía aspirar el humo. Ella se daba cuenta de que yo hacía el ridículo y yo le daba lástima, mucha lástima. Jamás se me olvidará aquella cara. La verdad es que dejé el cigarro enseguida y no he vuelto a fumar nunca más. Si no se sabe no se sabe, tú, tampoco hace falta amargarse la vida por ello. Pero, a veces, cuando cuelgo algún post del que no estoy demasiado segura, me viene a la cabeza la sensación que tuve con aquella compañera mirándome con cara de pena... y pienso en las caras de mis lectores al otro lado de la pantalla, caras que yo no veo. Y me pregunto, si nos viéramos las caras, si pudiera leer en sus caras que estoy haciendo el ridículo publicando en el blog según qué... ¿dejaría de hacer el blog como dejé el cigarrillo? ¿O continuaría escribiendo a pesar de ser consciente que hago el ridículo? La ventaja es que no puedo comprobarlo, y, ojos que no ven...

viernes, 23 de octubre de 2009

El don de la metáfora

Leo (¡por fin!) El lector común, de Virginia Woolf. Se trata de un libro que siempre había querido leer, desde que era adolescente, pero que me parece que hasta ahora no había sido traducido, como mínimo en una traducción a mi alcance. Incluso me había planteado leerlo en inglés, aunque no había llegado a hacerlo y seguramente lo hubiera tenido que dejar por demasiado difícil. Normalmente pasa bastante tiempo desde que me compro un libro hasta que lo leo. Y tardo bastante en leer un libro. Este me lo he tragado enterito la misma semana de haberlo comprado. Oh... qué libro... qué claridad, qué manera de exponer las ideas, qué imágenes... tiene aquello que yo llamo “la chispa de Virginia Woolf” y que no sé muy bien como definir. Pero algo está claro: si su escritura perdura es por su dominio de la metáfora: los burros en la fuente, Helena de Troya, el cielo estrellado... Hace unas metáforas exquisitas. Unas metáforas, que yo, por más que me esfuerce en ello, tengo claro que no hago, que no sé hacer, y que no sabré hacer nunca. Simplemente, algo como esto debe salirte de dentro, espontáneamente, y a mí no me sale. Y es por ello que su estilo perdura, por estas metáforas sembradas en su texto que explotan como minas de placer cada vez que pisamos una. Y además, qué claridad... se lee tan fácilmente... Aquello que me cautivó la primera vez que leí un texto suyo todavía está ahí. Y entonces arrugo un poco la nariz, porqué sé que como persona era una esnob y una arpía... ¿cómo podía escribir tan bien y ser tan transparente? Pero bien, yo no la conocí ni me ofendió, o sea que como fuera ella como persona es un poco igual, lo importante son los textos. El último texto ¿Cómo debemos leer un libro? es simplemente genial. Recomienda algo que yo hago pero que jamás había oído que recomendasen en parte alguna: que, además de leer un libro, pensemos sobre el libro, que lo digiramos, que dejamos que sedimente en nuestro espíritu como una lluvia de respuestas. Muchas veces he dicho que yo voy poquito a poco leyendo porqué siento que he de digerir lo que he leído... y sé que eso suena como una idea rarísima, una idea de tía excéntrica, en nuestro mundo de objetos de un solo uso, donde un libro puede durar tanto como un pañuelo de papel. Pero a pesar que haga eso yo no pretendo llegar a esta tercera fase que dice ella, la de hacer comparaciones entre los libros, y establecer categorías según su manera de hacer, básicamente porqué me faltan muchos por leer, y tampoco tengo claro que en lo que yo me fijo de los libros sea en lo que se fijaba ella, que sólo tenía una sola literatura, y muy buena, como campo de acción (si exceptuamos las literaturas clásicas). Quiero decir que un lector de nuestro tiempo y de nuestro país, en que leemos mucha literatura traducida, primero de todo ya tiene suficiente trabajo en decidir a qué mundo pertenece el libro que lee: si es anglosajón, si viene de una lengua minoritaria pero lejana, si es de los nuestros o de los de más allá... Se hace difícil comparar libros creados en contextos tan diferentes. No me extraña que ella, comparando libros paridos en el mismo contexto, pudiera sacar mucha más tajada de ellos. Además, entre los nuestros hay muchos que pretenden ser inventados, y no reflejar ningún mundo real, y a la postre hacen bandera de ello (¿?), como por ejemplo novelas de autores catalanes con los nombres de los personajes en inglés... ¿es para dar un toque chic? Para mí es una aberración. En fin, que eso de comparar libros todavía es una asignatura pendiente, pero por algo ella era Viginia Woolf y yo... pues no lo soy. ¡Pero estoy leyendo mucho sobre el tema!

jueves, 22 de octubre de 2009

Pela y libertad

Oigo con preocupación como en los Estados Unidos, pero también aquí, los periódicos y revistas ya ponen a sus redactores la condición de no crear blogs personales hablando libremente de las cosas que se les quedan en el tintero en el periódico, y a la información de las que acceden gracias a trabajar en él. Eso en principio podría parecer razonable: yo te pago un sueldo, por tanto “te compro” la libertad de decir lo que quieras, y sólo dirás lo que yo quiera. Parece lógico que los que tienen el poder actúen así. Y también me parece lógico que todos estos trabadores de la información se dejen comprar, al fin y al cabo de algo se ha de vivir. La única cosa que me sabe mal es que yo creía que los blogs podrían ser a la larga una especie de contrapoder a los medios “oficiales”, a la verdad establecida. Y me doy cuenta que si van cerrando la boca y hacen ser “políticamente correctos” a todos los que cobran por escribir, la posibilidad de decir las verdades quedará en manos de aficionados que vivimos de otra cosa, pero no de escribir. No creo que con cláusulas de estas puedan hacer callar el “blog power”, pero van a dejarlo circunscrito a la marginalidad. No sé, tampoco sé lo suficiente sobre el tema, pero esta prolongación de lo que dicen los periódicos a los blogs personales de sus redactores me parece una peligrosa ingerencia a la libertad de expresión, y con el tiempo tanta endogamia empezará a hacer tufillo. Me gustaría que los blogs continuasen siento una alternativa saludable a la prensa “oficial”. A ver si resultará que aquello que dijo aquel periodista en aquella charla que fui, aquello que “en un blog tú eres editor de tu propia mirada”, desaparecerá...

miércoles, 21 de octubre de 2009

Conflicto psiquiátrico con la realidad

Veo en un blog que me gusta mucho como se habla de la importancia de lo que no existe refiriéndose a las historias que pueden leerse en los libros. Como una historia que alguien se ha inventado y que leemos en un libro puede llegar a ser importante para nosotros. Como aquello que no existe puede llegar a ser importante. Me doy cuenta que me gustaría haber escrito estas palabras, y cuando me doy cuenta de porqué yo no puedo decir esto, la respuesta me entristece. Porque es evidente que dar importancia a lo que no existe distinguiendo que no existe sólo puede hacerlo una persona sana. Alguien con una enfermedad mental, alguien que en algún momento de su vida se haya encontrado que no distingue lo que los demás dicen que es la realidad y haya sido medicado por ello, es evidente que jamás podrá hablar con esta ligereza de dar espacio a las “cosas que no existen”. El mundo de los libros es inmaterial, impalpable, intangible, pero existe, forma parte de la realidad para la mayoría de la gente, una realidad de la que se puede hablar. A nadie le medicaran porqué en su vida ocupe un espacio muy importante este “aquello que no existe” que puede leerse en los libros. Lo que no existe y que puede crear conflictos es otra cosa. Jamás he entendido, por ejemplo, porqué la gente que escogen a sus amigos por su signo del zodiaco (yo los he conocido) no deben ir al psiquiatra y no deben ser medicados. Pero por lo que se ve, son gente perfectamente sana la que cree en los horóscopos; inculta, pero sana. Lo que quiero decir es que el problema que tienen con aquello que no existe la gente que sufre, no es con la realidad de los libros, ni con la realidad de los horóscopos, que puede ser inmaterial, impalpable, intangible, pero que existe y se puede hablar de ella. Es con otras cosas. Evidentemente no se puede culpar a nadie que no haya vivido “la realidad que no existe” de hablar con ligereza de lo que “no existe”; nadie tiene el patrimonio de lo que existe y de lo que no existe y de cómo hablar de ello. Pero una vez ya me quejé de los poetas que hablan de la poesía como “de otra realidad”, y que no necesitan ir al psiquiatra por ello. Para mí, cualquier realidad que no entre en conflicto psiquiátrico con la verdad establecida, como lo son la realidad de los libros, la realidad de los horóscopos, la realidad de la poesía, no es otra realidad, simplemente es una de las múltiples facetas de nuestro mundo. Pueden ser facetas más materiales, palpables y tangibles o menos materiales, palpables y tangibles, pero la gente no va al psiquiatra por creer en ellas ni hablar de ellas. Si no existe un conflicto psiquiátrico real, lo siento mucho, pero no puede hablarse de “aquello que no existe”, no puede haber “otra realidad”. Por más que sea un cliché de nuestra sociedad decir que las novelas son “aquello que no existe”, las novelas existen y encajan en nuestro mundo. Aquello que no existe es otra cosa.

martes, 20 de octubre de 2009

Proverbio

«Un ladrón con dinero todavía es un “señor ladrón”.»

(proverbio chino)

sábado, 17 de octubre de 2009

Que me encuentren trabajando

No confirmo ni desmiento la existencia de las musas, pero me da la impresión que muchas veces la musa es sólo morirse de ganas de decir algo...

viernes, 16 de octubre de 2009

He dicho

Sé que lo mio con los clásicos es espinoso, porqué aunque he leído muchos, hay otros (y de muy importantes) que se han cruzado. Como por ejemplo, Guerra y paz, Memorias de Ultratumba o el Quijote. Vergüenza torera debería darme –y me la da- decir que no he podido acabarlos, porqué creo que son libros que todo buen lector con unas ciertas pretensiones debería haber leído. Quizá más adelante.

A pesar de ello, hay un clásico de aquellos con fama de farragosos que puedo decir con orgullo que estoy leyendo y que me ha cautivado completamente: Montaigne y sus Ensayos. Es la pera. Estoy segura que hay muchos académicos que creen que Montaigne es bueno por la manera como conoce la vida de los antiguos, por los ejemplos sacados del mundo clásico que domina como si fuesen una baraja de cartas. Pero eso es la vestidura externa de sus textos, podríamos decir. No digo que no sea valioso, lo es y mucho, pero no es eso por lo que me atrae. A Montaigne le encuentro bueno (muy bueno) e interesante (muy interesante) porqué es un hombre que conoce a los demás hombres. Conoce a la gente y se conoce a sí mismo. Ha observado y conoce a la gente de su alrededor, se ha observado y se conoce a sí mismo. Lo que me tiene cautivada son las verdades que dice sobre las personas, sobre el género humano. (A pesar que ya sé que yo misma dije que no sabía en qué consistía la regla de una mujer; pero esto es anecdótico.) Suelta verdades que son tan verdaderas ahora como lo eran cuando las escribía. Continuamos siendo el mismo animal medio libre medio sometido digno de ser observado que éramos en su tiempo. Este hombre es un genio. He dicho.

Otro clásico que me gusta muchísimo es el Decamerón, del que ya me he tragado un tercio y continuo. ¿Qué decir de este libro que hace años que los lectores más enterados disfrutan con placer? Es picante, es travieso, es satírico. La mayoría de cuentos te dejan con una sonrisa de picardía en los labios. Una auténtica delicia para la mente y los sentidos. Su autor es un genio. He dicho.

Y Villon. Dije que su traductor se equivocaba pensándose que podría ser amigo de un tipo que era un delincuente, a ver si un profesor universitario se haría amigo de muchos delincuentes, en la actualidad. Rectifico. Después de leerlo un poco, yo también querría ser amiga de Villon: amiga y muchas otras cosas. Ah, el amor... Este no te deja con una sonrisa de picardía, ¡de este acabas la lectura con ganas de darle un beso! Este tipo sí que es un genio, una estrella que ilumina la verdad con la fuerza de una supernova. He dicho.

martes, 13 de octubre de 2009

Los caminos de la frustración

Ayer caminé un largo rato. Salí de casa porqué, sabiendo que a pesar que fuese día de fiesta los comercios abrían, creí que estaría abierta una librería donde hacen descuento. Pero estaba cerrada. Por la hora que era (pleno mediodía) las demás librerías también estaban cerradas, y no sé si abrieron en día de fiesta o no. Pero no podía entretenerme esperando a que abriesen, y que luego resultase que no abrían.

Caminar por las calles sin poder entrar en ninguna librería a comprarme un libro es algo que me frustra. Con el tiempo, parece que he llegado a un punto en el que salir de casa no me vale la pena si no me compro un libro. Una psicóloga me dijo que tenía necesidad de recompensarme por el esfuerzo que me suponía enfrentarme a las personas. Sea lo que sea, debía haber previsto la sensación de impotencia. Sentir frustración cuando necesitas hacer algo y no está a tu alcance conseguirlo es muy desagradable. Dice que las personas adictas tenemos poca tolerancia a la frustración. Quiero aprender, de verdad que quiero aprender. Quiero aprender a ser mayor y a poder soportar el sentirme frustrada un largo rato cuando hace tiempo que no me compro ningún libro. Si no fuera una sensación tan desagradable ya hace tiempo que habría aprendido a soportarla. Dice que las adicciones las hace el aislamiento, pero la verdad es que dudo que unas relaciones interpersonales satisfactorias me impidiesen continuar deseando comprarme libros. De hecho, poseer y leer libros son mis relaciones interpersonales satisfactorias; los libros son mi vida social. Paso tan buenos ratos leyendo, estoy tan tranquila, me siento tan poco agredida por el medio cuando leo, que me es inconcebible pensar que podría substituir los libros por personas, y así diluir la sensación de frustración cuando no consigo comprarme un nuevo libro, otro. (Libros que leo a un ritmo mucho más lento del que los compro, todo hay que decirlo.) Mientras leo y disfruto leyendo, se me abre el apetito de poseer nuevos libros y poder leerlos y así continuar pasando buenos ratos. En cambio sé que intentar tener nuevos amigos de carne y hueso sólo me traería nuevas desilusiones. Es completamente cierto aquello que dicen: quien tiene un libro tiene un amigo. Y un amigo de más calidad que según quien.

Algo que ahora me preocupa es todo eso del libro electrónico. Me temo que obligue a cerrar librerías y que los libros de papel dejen de tener un precio suficientemente razonable a mi alcance. Sé que continuaran existiendo, pero si nadie los compra serán tan caros que coleccionarlos como yo he hecho hasta ahora se hará insostenible. Eso sí que me preocupa realmente. Además, ¿dejaran de estar bien de precio antes de que haya podido comprarme todos los que quiero comprarme, los que necesito tener? Entonces ¡no tendría más remedio que curarme! O continuar frustrada por siempre jamás. ¡Horror y terror!

lunes, 12 de octubre de 2009

Entusiasmo en estado salvaje

A mí me gusta mucho lo que escribo, pero a la gente también les gusta el olor de sus propios pedos... (esta frase no es mía, la he sacado de alguna parte, no sé de donde, pero la cuelo como mía porqué la subscribo completamente). Es evidente que para que a alguien no le gustase algo a lo cual dedica tiempo y esfuerzo y además lo pasa bien haciéndolo, debería tener algún problema... No sólo me gusta mi blog, sino que estoy muy orgullosa de él. Pero claro, yo creo que jamás debe olvidarse que no todo el mundo puede estar de acuerdo con nuestro entusiasmo, y que si los pedos huelen bien para la persona que se los tira, para los demás son bastante desagradables... No digo que un post sea como un pedo, sólo digo que se debe ser consciente que no todo el mundo se entusiasmará con nuestros posts como nosotros mismos nos entusiasmamos con ellos. Eso ni los autores consagrados o superventas que escriben libros de verdad deberían olvidarlo, porque a veces lees entrevistas y hay muestras de cada ego suelo... Ahora, a mí me es fácil ser modesta (no tengo más remedio, además) porqué no tengo ninguna “carrera literaria” de alto voltaje que me dé cuerda en este sentido, pero, claro, ya veríamos, si la tuviera, si no me subirían los humos... (Humos que según algunas personas ya tengo lo suficientemente altos; personas que confunden mi timidez y retraimiento naturales con un orgullo sin domesticar.) En fin, supongo que todo es relativo, y que no se puede pedir a todo el mundo que conozca a las personas y sus heridas.

viernes, 9 de octubre de 2009

Arma cargada

Algo que me sorprende del blog Hierba de palabras es que el post más visitado (y con mucha diferencia) sea Els quadres de la fam (Los quadros del hambre) (en catalán). (Aunque La solitud és una serpLa soledad es una serpiente- tiene mucho éxito también.) Me pregunto que tiene este cuento, que no creo que literariamente sea nada del otro jueves... Y me viene a la cabeza que en el primer Blog de una lectora, el post más visitado con mucha diferencia es el post Comparando, que compara Orgullo y prejuicio y Norte y sur, -mi post más visitado de todos los tiempos-, precisamente porqué este post interesó mucho a todos los grupos de discusión de Jane Austen, y fue visitado en masa durante mucho tiempo por esta gente, que se lo decían los unos a los otros. Y se me ocurre que el post Els quadres de la fam habla de anorexia y que en internet abundan las bandadas de anoréxicas anhelantes de compartir todo tipo de trucos absurdos, y me recorre un escalofrío... Algo que me tranquiliza un poco es que yo jamás he sido anoréxica (aunque tuve una época en la que no podía tragar en la que adelgacé 15 kilos) y supongo que nada de lo que yo explico en el cuento puede convencer por su autenticidad (sobretodo a la hora de imitarlo) a alguien que realmente sufra esta enfermedad, sino es que es realmente muy burro, claro... pero... no las tengo todas, francamente. Aunque espero que el mensaje positivo del cuento llegue a quien tenga que llegar, no descartaría que se estuviera usando en sentido contrario... Pero aunque efectivamente fuera así... ¿debería plantarme algo? Es mi cuento, no quiero borrarlo, aunque parezca que lo haya cargado el diablo; es más, si “cuela” como auténtico para una anoréxica de verdad, a pesar de todo, estoy muy orgullosa de él (aunque estaría mucho más si les sirviera de ayuda para curarse). Ahora, si lo usan para... ¿hasta qué punto soy responsable de la manera como la gente lea lo que yo he escrito?

jueves, 8 de octubre de 2009

Las memorias del chimpancé

En mi clase de primaria tenía una compañera que, yo no lo sinteticé entonces, pero disfrutaba haciendo daño a los demás, diciéndoles verdades que los herían. Se llamaba Roxana. A mí, por ejemplo, me dijo que mi mejor amiga había dicho que yo caminaba como un chimpancé. Es verdad que yo tenía el pecho muy desarrollado para mi edad, que eso me avergonzaba y que caminaba arqueando un poco la espalda para esconderlo, muchas veces me lo habían hecho notar. Mi mejor amiga tenía una lengua viperina, aunque no me lo hubiera dicho en la cara, que yo caminaba como un chimpancé, no dudaba que fuera verdad que se lo hubiera dicho a la tal Roxana. Yo jamás le dije a esta amiga que yo sabía que había dicho eso de mí, pero nuestra amistad a partir de entonces se resintió, y mucho.

Mi librero también tuvo problemas con la tal Roxana. Tenía unas orejas un poco de soplillo, y no se aceptaba a sí misma, cosa en la que la ayudó mucho gente como la tal Roxana, con sus burlas constantes. Todavía de mayor y con el defecto corregido mi librero teme encontrársela por la calle por lo que le pueda decir. Le dije que si se la encuentra ahora es de esperar que la tal Roxana se comporte como una adulta, pero lo dije más para consolarla que porqué yo piense que la tal Roxana haya podido madurar. Yo no tengo ninguna imagen de ella de mayor.

La última noticia que tuve de la tal Roxana es que no puede salir de casa porqué cree que la gente la critica... no vino a la cena de antiguos alumnos de octavo por ello... (Dejadme hacer un aparte: Roxana, si lees esto, espero que te pudras, en tu casa...) Dicho esto, no puedo dejar de llegar a la conclusión que una persona que tiene necesidad de herir a los demás burlándose de los defectos que les provocan inseguridad (sabía donde debía golpear, la mal nacida) no sólo denota una habilidad muy refinada para conocer a los demás, también denota un problema mental grave, y seguramente esta persona no ha sido querida todo lo que debía de haberlo sido. (Aunque en el momento en que la tal Roxana me dijo que yo parecía un chimpancé en la última cosa en la que pensé es en que ella hubiera podido haber sido tratada con malas palabras.) Quien agrede, aunque sea verbalmente, seguramente es porque ha sido agredido, y aunque todos somos capaces de darnos cuenta de ello y de hacer el esfuerzo de decir “ a mí me han tratado mal, pero yo no trataré mal a los demás”, supongo que a veces ya se han generado en nuestro interior unos automatismos que no podemos evitar. No sé si la tal Roxana era consciente que iba por el mundo haciendo tanto daño. En todo caso, el mal que nos hizo a nosotras ahora se lo está haciendo a sí misma, su cabeza continua martilleando, ahora con ella misma como víctima. Y no es una persona lo suficientemente inteligente como para sacar partido de una reclusión. Estará sufriendo. Y no es que me alegre, pero pienso que no sería demasiado justo si no fuera así.

También pienso que eso, de hacer daño verbalmente a alguien, yo también lo he hecho sin darme cuenta. Yo tenía una amiga por correspondencia, ya lo sabéis, Lara, y nos escribíamos cada día. Pero, a partir de un cierto momento, las cartas empezaros a no tener sustancia y a espaciarse. Soltando mi mala leche, escribí unas respuestas quizá no demasiado halagüeñas. Yo no entendía qué había cambiado en nuestra relación, y me parecía que no era justo que ya no me escribiera como antes. Sé que no fue justo que enviara aquellas cartas, que le hicieron daño, y me sabe mal. El problema fue el tipo de relación que teníamos, que yo creía que era una cosa y en realidad era otra, y que si me escribía tan a menudo no era por la simple amistad que yo creía. Lo debí haber entendido mucho antes. Y es caso es que, aunque yo estaba segura de que yo no quería una relación más allá de la amistad, me hizo dudar, porqué el síndrome de abstinencia que puedes tener con alguien que te escribe cada día y que deja de hacerlo puede parecerse mucho a estar enamorado. Me da miedo analizarme a mí misma para saber si yo estaba enamorada o no lo estaba, o si lo estaba y no quería verlo, pero a pesar de ello, como lo que sí que tenía claro es que no quería una relación romántica, las cartas fueron dejando de llegar y de aquí mi respuesta quizá un pelín exagerada, de la que me arrepiento muy mucho. Mi cabeza, como el de la tal Rosana, también me lo ha hecho pagar a su manera. Y aunque no creo que la situación sea la misma, reconozco que según como tengo cierta tendencia a repartir chascos y asperezas. Aunque debe reconocerse que yo soy mucho más refinada que la tal Roxana, como dijo alguien: “verdades de guante blanco”. Sí, pero, es algo de lo que no estoy orgullosa, precisamente.

miércoles, 7 de octubre de 2009

A robar que son dos días...

En un libro de los que tengo por casa leí una frase de Flaubert que ahora mismo no encuentro que venía a decir algo así como que debería educarse a la gente de clase alta para que fueran capaces de gobernar justamente. Que el problema realmente es que los que dirigen tienen muy poca cultura. Y quien dice poca cultura dice mucho afán de lucro. Pero supongo que en un país donde el más pintado sale a hacer horas en negro y defrauda a la seguridad social, no tenemos ningún derecho a quejarnos que nuestros dirigentes pongan la mano en la caja. ¿De verdad no se les podría enseñar a los políticos que no deben robar? Eso sólo se les podría enseñar si el pueblo no robase. Pero si el pueblo ve que los políticos roban, ¿cómo puedes pedirle que no robe? Eso es el pez que se muerde la cola. ¿Quién debe empezar a dar ejemplo? ¿Quién debe empezar a hacer las cosas bien? Los políticos no lo harán, porqué son un reflejo de la corrupción del pueblo. El pueblo no lo hará, porqué si ve que los políticos roban sería de burros quedarse atrás... ¿Por qué no hacemos un concursillo a ver quien roba más? Podríamos dar medallas... Bien condecorados por cada gesta económica, saldríamos a la calle profundamente orgullosos, y podríamos competir a ver quien tiene más...: “¡Yo robé un cepillo de dientes en el super!”: una aguja bañada; “¡Yo cobro las horas extras en negro!”: una medalla; “¡Yo ayudé a recalificar unos terrenos...!”: triple medalla; “¡yo desvié unos fondos...!”: la cruz de sant jordi; “¡yo cobro subveciones europeas por mis campos yermos!”: ¡el tostón de oro! Al final, la única cosa que estará mal vista será robar poco. Robemos, robemos, ¡qué el mundo se acaba!

viernes, 2 de octubre de 2009

El vicio de la verdad

En mi relación con algunas personas me he dado cuenta que me ha interesado mucho más saber con certeza la verdad que me escondían (y que en el fondo era lo que hacia posible nuestra relación) que no continuar con la amistad. Es un vicio, pero escojo la verdad a la amistad. Y muchas veces, como en un recipiente con agua y aceite, en la gente no se mezclan ambas cosas... Es por eso, supongo, que no tengo demasiados amigos...

jueves, 1 de octubre de 2009

Alma tornasol oscuro

Cuando se leyó por primera vez todo mi blog, mi librero me dijo que se trataba de un retrato muy fiel de mi forma de ser, o como mínimo, de tal y como él me conoce. La verdad es que todavía me sorprende, porqué creo que en el blog: 1ª- parezco más buena persona de lo que soy en realidad (escribir sobre el propio lado oscuro es mucho más difícil de lo que parece, como mínimo para mí); 2ª- parece que haya leído más de lo que en realidad he leído (eso pasa, no porqué yo haya leído mucho, sino porque la gente acostumbra a haber leído muy poco) y 3ª- parezco más sana de lo que soy en realidad (y eso mi psiquiatra, familia, algunas amigas y sobretodo vecinos entre los que tengo fama de loca lo saben muy bien). Para un lector superficial, parece que por saber expresar lo que me pasa sea menos grave que me pase...

Es decir, que sin decir ninguna mentira ni pretender engañar, casi sin querer, de alguna forma en el blog doy gato por liebre. Pero es un gato muy interesante, como mínimo para mí. Y, como mínimo, este gato es mucho más interesante de lo que sería la miserable “liebre”, que serían una miserias que no sé si me apetece explicar, por ahora, aunque hace tiempo que les tomo la medida (no sé si para hacerles un ataúd). Es decir, que sí, que el blog me refleja tal y como soy, sobretodo refleja la imagen que puedo controlar dar a los demás en la vida real, pero también deja muchas cosas fuera, deja fuera una especie de nebulosa inarticulada y inarticulable que constituye mi yo profundo, materia del pensamiento a la que no se llega a través del lenguaje, y que creo que todos tenemos, que creo que si consiguiera expresar verbalmente, entonces sí que estaría haciendo algo valioso. También deja fuera los momentos malos de mi enfermedad, que no sé si sería lo mismo. (Parece una contradicción que diga que la “liebre” que debería expresar es una miseria y por otra parte diga que aquello inexpresable sería lo valioso. La “liebre” sería la parte oscura, aquello inexpresable la parte profunda, que no ha de ser necesariamente oscura ni ambas partes han de ser necesariamente lo mismo.)

Creo que una persona que no me conozca se puede hacer una imagen muy acertada de mí sólo por el blog, pero yo no soy sólo lo que digo en el blog... aunque la gente lo olvide...