martes, 30 de junio de 2009

Adicciones

He estado pensado qué es lo que me ha hecho enganchar a las personas o las cosas a las que me he enganchado a lo largo de mi vida. La más graves: Álvaro, Lara, el blog, comprar libros. Comprar libros me parece que tiene que ver con el afán de poseer, el afán de “comprar” la cultura, el afán de que me parece que comprando libros que puedo leer estoy comprando la posibilidad de ser escritora. Al fin y al cabo, un escritor se alimenta principalmente de los libros que lee, y, como me dijo mi psiquiatra cuando soñé que me daban un libro junto a un ajo, para mí los libros son como la comida. No diríais que alguien esta “enganchado” a comer cada día... pues para mí comprar libros es acceder a este alimento. Pero, las otras adicciones, me parece que la razón por la que me he enganchado a ellas es un poco diferente del afán “de alimentarme” que me mueve a la hora de comprar libros. ¿Qué tiene en común Lara, Álvaro y el blog? Pues que son dos personas y una cosa que me han hecho sentir escuchada. Hablar con Álvaro me hacia sentir escuchada, a él podía explicárselo todo; escribir a Lara me hacía sentir escuchada, con ella podía explayar mi vena de escritora de cartas, que es un poco diferente de la vena de escritora para ser leída; el blog me hace sentir escuchada, escribiendo en él puedo sentir que hay gente a quien llega lo que yo escribo, que soy leída. Hete aquí porqué me he enganchado a estas tres cosas: en realidad, me he enganchado casi enfermizamente a cosas que (imaginariamente o no) me han hecho sentir escuchada. Ya hace años que me di cuenta que tener a alguien que te escuche es droga dura. La lástima es que, por circunstancias que vale más no remover, la única posibilidad de entre estas tres que tenga actualmente sea el blog. Es la única con la que todavía no me he pillado los dedos. Pero me parece que todo llegará...
(También me gustaría matizar que hay otras personas que me han escuchado, pero como me continúan escuchando no lo he procesado como una “carencia” ni soy consciente de la adicción.)

domingo, 28 de junio de 2009

Poesía urbana

Tomar un helado con una novia nueva es más interesante que meterte en la cama con una con la que ya hace un año que sales...”

Valentino Rossi

(no, si ya lo dije yo: este chico tiene madera de poeta!)

sábado, 27 de junio de 2009

En ropa interior

Eso de fundirse ante el éxito no es gratuito. Al principio, yo escribía el blog sin ser demasiado consciente que alguien podía efectivamente leerlo. La primera vez que un popular blog que a veces habla de libros habló de mi blog, y recibí muchas visitas (situó mi blog en el mapa catosferico, por decirlo de alguna manera) me sentí tan observada que soñé que salía a la terraza en ropa interior. Fue muy desagradable. La primera vez que me entrevisté a mi misma, como que todavía no era consciente de que me leía alguien, hablé sinceramente de lo divino y de lo humano. La segunda vez, me hice cuatro preguntas a las que di una respuesta escueta; no me salió decir más. De este cambio tubo la culpa el hecho de saberme leída... Es evidente que una no escribe igual si lo hace por una misma o si sabe que los demás han de leerlo... Y, al principio, pasar de ser el mío un blog ignorado a ser consciente que había gente que me leía, casi me bloqueó... Supongo que el éxito también puede ser un arma de doble filo.

Pobres go home (si la tenéis, claro)

No sólo un pobre tiene muchas más probabilidades de ir al cielo, sino que, además, tiene muchas más probabilidades de hacerlo antes...”

Jaume Perich

viernes, 26 de junio de 2009

Vender cubitos a los pingüinos

Alguna vez me ha gustado comparar el blog con una tiendecita. Si hay comentarios es que el producto sale bien. Si no hay comentarios es como tener una tiendecita de cubitos en el Antártico. (Ya os debéis haber fijado que casi nunca hay comentarios.) Sé que, si dejara comentarios en otros blogs de manera que me pudieran seguir el rastro, tendría muchos más comentarios. ¿Por qué no hago propaganda? ¿Debería hacerla? ¿Para obtener qué exactamente? Me parece que de momento continuaré con mi paradita de cubitos... sólo que tengo la esperanza que algún día se traslade ella sola del Antártico al Sahara, sin necesidad que yo haga nada diferente de lo que he hecho hasta ahora... Ahora, también podría ser que una paradita de cubitos en el Sahara, más que tener mucha demanda, se fundiera...

Crítica y contracrítica

Sé que las sensibilidades más tiquismiquis pueden tener alguna objeción al hecho de que yo hable tanto de la muerte. Al fin y al cabo, es un tema tabú. Tampoco lo hago para explotar la morbosidad, aunque sé que algunos lectores sólo se sentirán atraídos por esto. Es decir, que no sólo tengo el problema de los que les repugna el tema, sino también tengo el problema de los que les gusta demasiado. ¡No me extraña que el mío sea un blog minoritario! Bien, resumiendo, mi intención es dar salida a un conjunto de reflexiones que quizá debería guardarme para mí, pero que no puedo evitar publicar, no repugnar a nadie ni dar morbo, aunque me parece que no puedo evitar ninguna de ambas cosas. Al fin y al cabo, escribo para expresarme, y a veces me apetece expresar eso. Y podría decir aquello tan manido de “a quien no le guste que no me lea”, pero me parece que sería de mala educación, y además cuando todo lo que sea morbosidad estoy segura que tira mucho, y precisamente el problema es que la gente critica estas cosas, pero no pueden dejar de interesarse por ellas. A mí tampoco me gusta hablar de temas cenizos, pero son cosas que me pasan por la cabeza. Y, al fin y al cabo, todos vamos a morirnos, y no quiero vivir de espaldas a algo que también es parte de la vida.

jueves, 25 de junio de 2009

Blanca

Blanca era una compañera con la que me encontraba en una organización que ayudaba a buscar trabajo a gente con minusvalías. Nuestra minusvalía era que ambas teníamos una enfermedad mental, y nos habían dicho que lo mejor para encontrar trabajo en estas circunstancias era esconderlo. A pesar de todo, a ella le encontraron un trabajo en un hospital, pero resultó que sólo querían a alguien para cubrir aquella plaza temporalmente, la plaza estaba condenada a desaparecer (algo que no le dijeron cuando empezó), y después de un tiempo de trabajar allí tuvo que dejarlo. Esta especie de engaño creo que fue un golpe muy duro para ella, aunque la gente de la organización, que le habían encontrado aquel trabajo, no le dieron importancia. Nunca daban importancia a nada. No le encontraron ningún otro trabajo. Como a mí, a mí tampoco me encontraron ningún trabajo. A veces pienso que me gustaría ir allí y escribir en las paredes del edificio: “XXX, ladrones”, para que lo supieran todos los vecinos, porqué yo pagué religiosamente cada mes para que no me encontrasen un empleo adecuado a mis capacidades y limitaciones, pero la verdad es que no me atrevo a hacer pintadas en la calle. Aparte de pagar, firmábamos unos papeles para que la generalitat les diera una ayuda por el apoyo que nos daban. Que, de hecho, este apoyo era una charla una vez a la semana. No digo que eso no tenga un precio, siempre va bien hablar con alguien, sobretodo si no sales demasiado de casa, pero claro, no era demasiado a efectos prácticos de encontrar el anhelado empleo. El único consuelo que me queda es pensar que ahora, con la crisis, una empresa tan cogida con pinzas y tan dependiente de las ayudas debe de haberse ido a pique.

El caso es que con Blanca habíamos tenido alguna conversación, pero no puede decirse que fuéramos amigas. Era una un poco mayor que yo, y había estudiado una carrera. También escuchaba la radio. Decía que al anochecer, cuando se iba a su habitación ella sola y encendía la radio, era su momento de reconciliación con el día. Blanca se pintaba los ojos, pero se hacía la raya torcida, algo que hacía muy mal efecto. Qué puede llevar a alguien a la necesidad de pintarse los ojos a pesar de que no tenga ánimos para hacerlo correctamente, es un misterio que se me escapa. Me diréis “oh, es que estaba mal de la cabeza”. No me convence esta explicación. En todas las conversaciones que tuvimos nunca me lo pareció, que “estuviera mal de la cabeza”, aunque sabía que como yo tenía una enfermedad. Jamás la vi en un momento malo, aunque sabía que los tenía. Una vez, hablando de que yo escribía, me dijo “es un don”. Eso me sorprendió mucho, porqué ella tampoco sabía si yo escribía bien o no. Pero para ella, sólo tener la necesidad de hacerlo ya era un don. Nunca me lo había planteado así, nunca había pensado que sólo por el hecho de escribir, sin necesidad de saber si lo hacías bien o no, ya pudiera ser un don. ¡Yo creía que el don era cuando lo hacías bien! (Y por hacerlo bien quiero decir vivir de ello y publicar sobre papel y estas cosas.) Escribir como hobby jamás me ha parecido un don (aunque para mí siempre ha sido algo más que un hobby), pero ella no lo veía así, quizá porqué como no escribía, hacer algo como esto le parecía una actividad rodeada de misterio. Ahora, por mucho que pensase que era un don, jamás tuvo la necesidad de leer mi blog, y cada vez que nos veíamos debía repetirle la dirección, algo que yo hacía pacientemente, pero sabiendo perfectamente que no se lo miraría. Al cabo de un tiempo nos dijo que había dejado de escuchar la radio. De hecho, eso lo supe por casualidad, y no lo relacioné, aunque me extrañó que alguien que está tan solo pudiera renunciar a la radio.

Las reuniones que hacíamos estuvieron paradas durante quince días. Creo que aprovechó este lapso en que no vio al grupo (sobretodo no vio al monitor, por el que sentía un gran afecto) para acabar de desligar el débil lazo que la unía con el mundo y las personas de su alrededor. Un día, se levantó por la mañana y se arregló, como si quisiera salir de casa. Pero no salió por la puerta. Vivía en un sexto piso. Se aplastó contra el asfalto. Tardó cuatro horas en morir.

Cuando me lo contó, el monitor me dijo: “si es lo que ella quería...”. ¿De verdad creía aquel pelele que aquello era lo que ella quería? Uno no escoge estar marginado del mundo. Pero, una vez ves que estas aparte, no es tan difícil hacer el paso. A mí me impresionó mucho la noticia del suicidio de Blanca. No es que fuéramos demasiando amigas, pero siempre la había visto más integrada en la realidad de lo que yo misma estaba. Si ella decidía renunciar, ¿qué podía esperar yo de mi vida? Supongo que me impresionó porqué el suicidio es algo en lo que pensaba mucho en aquella época. Empecé a admirarla, deseando algún día ser capaz de hacer yo lo mismo. Todavía creo que debería haber alguna especie de ayuda oficial para la gente que ha decidido quitarse la vida, y no tener que llegar al extremo de sufrimiento de tener que pasar cuatro horas de agonía. La muerte debería ser algo dulce. La sociedad, el sistema, tal y como está montado actualmente, no puede garantizar una vida digna a todo el mundo. (Y con una vida digna no quiero decir más caridad.) Y con eso tampoco quiero decir que se deba hacer la revolución o intentar cambiar el mundo o nada de eso. El mundo es como es, de la única manera que puede ser: una selva. O juegas o no juegas. Pienso que nadie debería escandalizarse porqué haya quien decida no jugar más a este juego.

miércoles, 24 de junio de 2009

Pasando de todo, como siempre

Claro, como tú pasas de todo...” me dice mi librero cuando le digo que una persona ha de saber estar sola y no hacer lo que sea para tener pareja a cualquier precio... Cualquiera podría pensar que, mi librero, que ha tenido muchas más parejas que yo, y que todas le han ido mal (y que la que tiene ahora también le irá mal), cree más en el amor que yo, que no me he expuesto impunemente a los fracasos. Son maneras de mirarlo, pero, si no tengo pareja, no es porque no crea en el amor, sino precisamente, porqué creo. Creo mucho. De una manera absorbente y absoluta, quizá hay quien diría que enfermiza... Pero no creo que un volcán en erupción pueda meterse dentro de una lata. También veo que últimamente, en casi todos los posts, hablo de ser soltero o de tener pareja. Según mi librero (otro de diferente), si piensas mucho en el tema es señal de que... ¿de qué exactamente? ¿De qué piensas mucho en el tema? Me atrevería a decir que ha sido casualidad, me gusta teorizar y dar vueltas a las cosas, aunque no llegue a nada práctico, pero tampoco quiero llegar a nada práctico. “No soy filósofa”, me dijo en una ocasión una amistad internáutica. Pues me temo que yo sí que lo soy, por mucho que no sé si me gustan las connotaciones con qué decía esta palabra. Es verdad, me gusta dar rienda suelta a mis ideas, zarandearlas como se escurre la arena entre los dedos de la mano. Claro que es un tema en el que pienso, y más ahora, pero no más de lo que he pensado en ello siempre, y de la misma manera en qué he pensado en ello siempre. Sólo que quizá nunca lo había expresado así, pero no creo que eso signifique nada diferente de lo que mi manera normal de expresarlo quiere decir. Lo escribo en las nubes pensado que lo escrito se esfumará. Es una manera como otra cualquiera de no darle importancia y de echarse a volar con la palabra escrita.

martes, 23 de junio de 2009

Militancia hippy

Yo, que soy un poco hippy, no me depilo. (Pero me ducho, ¿eh?) Antes, no tenía ningún problema en confesar públicamente que no me depilaba, y lo había dicho algunas veces. Hasta que me he fijado (mira tú que cosas) que eso de saber que no voy depilada pone calientes a algunas personas (tanto hombres como mujeres). ¡Vaya por dios! Yo que precisamente no me depilo porqué no tengo pareja, y por tanto no tengo ninguna necesidad de lucir nada, y yo que creía que no depilar-se era un remedio seguro contra la concupiscencia... y resulta que no, resulta que es al revés... Pero, ¿en qué piensa la gente? ¿Lo saben esto los que anuncian por la tele productos para depilarse? Me quedo atónita: sólo les falta saber que tienes cuatro pelos bajo el sobaco para... En fin. Que, de ahora en adelante, creo que lo mantendré en secreto...

lunes, 22 de junio de 2009

La razón de Cassandra

Algo que suele pasar mucho con los escritores consagrados (eso pasa en un grado extremo con Borges) es que los estudiosos y los simples aficionados lo momifican. Es decir, que se ponen a estudiar cada pedo que se tiró. Pasa con Borges, pasa con Keats, pasa con Kierkegaard, pasa con Jane Austen. Reconozco que yo había maldecido a Cassandra, la hermana de Jane Austen, por haber quemado muchas de las cartas en que esta desnudaba su vida privada: ahora pienso que Cassandra tuvo razón en hacerlo; seguramente había cosas en aquellas cartas en las que nadie tenia porqué meter la nariz. A pesar del que en el pasado yo haya participado en uno de estos grupos de “momificación” (el de Jane Austen, por ejemplo), ahora no estoy de acuerdo con esta manera de hacer. Un escritor es la obra que nos legó; está bien estudiarla y quizá interesarse un poco por las circunstancias en que fue escrita, que muchas veces, no digo que no, pueden aportar nueva luz, y es evidente que hay muchos escritores que veríamos muy diferentes si no supiéramos nada sobre su vida, pero, lo importante es la obra, analizar la obra, estudiar la obra (o simplemente leerla si no damos para más), y no la idolatría del personaje. También digo eso porqué querer saber cosas sobre un escritor que te gusta puede obligarte a tragarte muchos libros malos sólo porqué hablan del tema. No estoy de acuerdo con ninguna excusa para leer libros malos, o mirar pelis malas, sólo porqué mencionan vagamente aquel personaje que nos interesa o su obra. Si nos interesa el personaje, de hecho, es por la obra que dejó: es eso a lo que se le debe saltar a la yugular. Un cuento que ilustra muy bien este tema es Queremos tanto a Glenda, de Julio Cortázar, que creo que es un retrato demoledor y llevado hasta unas últimas y extremas consecuencias de lo que puede llegar a ser el fenómeno fan. Entendámonos, yo estoy de acuerdo con la sana admiración y en pasarlo bien con todo eso compartiéndolo con los demás, pero no estoy de acuerdo con la momificación. Poniéndonos puristas, podríamos decir que la idolatría es pecado, y francamente, hay pecados mucho más interesantes.

sábado, 20 de junio de 2009

Sed de lectores

En eso de la escritura, fluctúo. Tan pronto estoy muy orgullosa de lo que he escrito como me vienen todas las ganas de borrarlo. Sé que el alimento de la vanidad obtenido de publicar un blog no es nada malo, pero así y todo no me gusta estar sedienta de reconocimiento. Ahora, es evidente que puede ser un arma de doble filo, perqué si lo hiciera tan bien como me dicen algún editor ya me habría descubierto, y no ha sido así. ¿Qué significa esto? Pues que la gente que piensa que escribo bien lo cree ingenuamente y de buena fe, pero son gente que no tiene ningún poder en el medio. No diré que no tienen criterio porque, francamente, ¡me cuesta pensar que alguien que cree que lo mío está bien no tiene criterio! Evidentemente la gente que piensa que mi blog es bueno entiende mucho, je je... Lo que quiero decir es que, visito una página literaria en castellano, y se habla de premios literarios (sobre papel). Visito una página en catalán y se habla de premios literarios (virtuales). Diferentes idiomas, mismas inquietudes. La verdad es que veo que lo hay más sedientos de reconocimiento que yo... ¡el reconocimiento que yo quiero es que me lean! Algo de lo que me doy cuenta es de que, tanto por estos premios virtuales como para los sobre el papel, lo más importante es tener tu red social. Los seguidores que puedas tener, la gente importante que puedas conocer... Yo, ni tengo seguidores del blog, ni conozco a nadie. Ya lo dicen que cuando no puedes conseguir algo finges desinterés por ello, y precisamente yo podría estar diciendo esto de que no me interesan los premios porqué no tengo oportunidad de ganar ninguno... No lo sé. Yo de momento soy feliz publicando mis post, que de acuerdo, lee poca gente, pero lee alguien, y no tengo ganas de entrar en el mundo de la farándula... Ahora, es evidente que no sabes nunca si podrán venirte ganas de lucir un vestido de faralaes...

jueves, 18 de junio de 2009

Los hombres que pasaban de las mujeres...

He leído un par de textos perpetrados por aquello que llaman el boomsday... este ejercicio, explicar lo que has hecho durante todo un día, es muy típico de los talleres de escritura creativa. A mí no me gusta demasiado que me pongan deberes, por más enrollado y empático con el resto de bloggers que pueda parecer. Los bloomsday que he leído, curiosamente, son escritos por hombres, hombres que tiene una compañera, pero ninguno de los dos tiene el más mínimo diálogo con ella durante todo el día. Hay dos posibilidades: o que a la compañera esto de verse retratada por internet no le haga ninguna gracia, y que hayan recortado su presencia adrede, o sea que lo hagan por discreción, lo cual seria aplaudible, o que la hayan recortado inconscientemente, es decir, que consideren su presencia tan insignificante, tan sobreentendida, que no vale más la pena reseñarla que hablar de política. (Tema, evidentemente, que no podía faltar en ninguno de los casos...) Y yo me pregunto: ¿vivir en pareja es esto? ¿Llegar a una indiferencia tal que parezca que vivas solo? ¿Es sólo así para los hombres o para una mujer también es así? ¿Vivir en pareja es vivir con otro cuerpo pero ir a la tuya? Pues si es así, si para alguien tener una pareja de muchos años puede llegar a ser eso, francamente, no me sabe mal estar sola...

miércoles, 17 de junio de 2009

Previsible cojera

Decían que Ronaldinho era tan bueno que, incluso estando cojo, debía jugar; cuando efectivamente estuvo cojo, se lo sacaron de encima de mala manera...

Pronto pasará lo mismo con Guardiola...

domingo, 14 de junio de 2009

Los diez mandamientos

Si alguien es observador, se habrá dado cuenta que todas mis ideas sobre la escritura las he sacado de los Diez mandamientos de un escritor, de Stephen Vizinczey, y que todo lo que he escrito sobre el tema son las ideas de estos diez mandamientos regurgugitadas, es decir, estas ideas explicadas con mis propias palabras. No es que le copie intencionadamente o que no tenga ideas de cosecha propia, pero la fascinación por la clarísima y contundente exposición de la primera vez que las leí, se ha convertido, a copia de años y de lecturas, en el convencimiento que este hombre tiene toda la razón. He ido haciendo mías sus ideas a medida que he ido descubriendo que efectivamente, las cosas son así y no de otra manera. No he vuelto a leer nada tan lleno de sentido común como estos diez consejos, y mira que soy devoradora de todos los manuales sobre como escribir habidos y por haber. Y, cuanto más pasa el tiempo, más cosas me dicen y más matices que me habían pasado por alto descubro en ellos. No quiero decir que por haberme aprendido de corazón estos consejos deba convertirme necesariamente en una gran escritora, pero, si que si jamás llegase a algo, es evidente que mucha parte del éxito debería agradecérselo a este texto y al hecho de habérmelo encontrado a tiempo.

viernes, 12 de junio de 2009

La realidad

La realidad es la más parlanchina de las vecinas cotillas...

jueves, 11 de junio de 2009

Single

En un zoo de Noruega, viven seis parejas de pingüinos heterosexuales, dos de pingüinos homosexuales y dos pingüinos (un macho y una hembra) que prefirieren ser solteros. Yo le preguntaría a una de estos pingüinos solteros:

_ Señora pingüino soltera, ¿sabe que hoy en día eso de ser soltero puede arreglarse?

_ Verá jovencita, es que mi cerebro aloja una parte muy pequeña de mi masa corporal...

_ Señora pingüino soltera, ¿sabe que ser soltero hasta hace pocos años estaba muy mal visto?

_ Verá jovencita, es que me paso el día en el agua y tengo las ideas un pelín remojadas...

_ Señora pingüino soltera, ¿cuándo sentará la cabeza?

_ Verá jovencita, yo tengo una cabeza muy dura, y si la sentara haría un agujero...

Ya veo que todo va a quedar en agua de borrajas, y eso que la señora pingüino solera se pasa todo el día, en el agua. Y, pasan los años, y la pingüino continua siendo soltera. ¿Se trata de una elección? ¿O de una imposición libremente escogida? Pero la señora pingüino soltera no se preocupa, porque ahora a los pingüinos solteros se les llama “singles”, y las simpáticas casas anunciadoras piensan mucho en ellos a la hora de hacerlos blanco de sus risueñas campañas. De hecho, esto era lo único que le faltaba a la señora pingüino soltera para sentirse tenida en consideración; si puede gastar como los demás, ¿qué importancia tiene que sea soltera?

miércoles, 10 de junio de 2009

Aportación espiritual

¿No habéis oído nunca aquello tan típico de “tengo un trabajo de mierda que no me aporta nada”? (Aparte del dinero del sueldo, se entiende.) Yo misma es una frase que debo haber soltado un montón de veces... Pero yo me pregunto... ¿de dónde sacamos los humanos de clase baja la rocambolesca idea que el trabajo debe “aportarnos” algo? ¿Quién nos hemos creído que somos?

martes, 9 de junio de 2009

Valores

Ante la millonada que se ha pagado por un futbolista el padre y representante del cual es predicador de una iglesia cristiana, un comentarista deportivo dice inocentemente que este buen hombre debe haber escondido la Biblia a la hora de firmar un contrato tan indecente... realmente, me parece que este comentarista no ha entendido lo que es la Biblia...

lunes, 8 de junio de 2009

Desde la barrera

He escuchado por la radio que, con la proliferación de la actividad de fumar porros entre los jóvenes, precisamente los hijos de los hippies de los 70 que no lo ven con malos ojos, estas criaturas serán susceptibles de sufrir trastornos psiquiátricos graves en el futuro, cuando sean mayores. Me hace mucha gracia que el “castigo” que espera a estos infractores de las normas sea la misma enfermedad que tengo yo, yo que jamás me he drogado. Y no me drogado precisamente porqué en el instituto estaba “aparte”; los enrollados se iban a fumar porros a escondidas, algo de lo que los marginados y los empollones estábamos excluidos. Ahora, la gente de mi edad que es enrollada y tiene algún dinerillo, va a fiestas y discotecas donde se esnifa, se fuma y se toman pastillas; no son drogadictos, es simplemente gente enrollada e integrada en al sociedad que sabe “pasarlo bien”. Precisamente a mí nunca me han ofrecido droga porque ya se ve a treinta leguas que no estoy en la onda, que no estoy integrada en el mundo que me rodea. Tampoco es que crea que empezar a tomar drogas ahora, a mis treinta y pocos, habría de irles demasiado bien a mis paranoias. (Digo paranoias en el sentido psiquiátrico, no en el sentido de pensamiento ocurrente con el que se usa a veces “paranoia” en la red.) No he tomado drogas y no me sabe mal no haberlas tomado, no creo que me haya perdido nada; sólo que me gustaría no tener por motivos genéticos la misma enfermedad que desarrolla la gente después de años de haberse estado intoxicando, sin haberlo hecho nunca; me parece una putada, y de las de marca mayor.

domingo, 7 de junio de 2009

¿Bucle?

Es evidente que tengo un problema con mi adicción a comprar libros... no es que no los lea, pero los compro a mucha velocidad, y los leo muy poquito a poco. Además, sospecho que tengo una idea demasiado elevada de lo que soy capaz de leer a la práctica, tengo una visión idealizada de mí misma como lectora, quería abarcarlo todo y a la hora de la verdad no me interesa leerlo todo; quiero decir que hay libros que, clarísimamente, sólo los he comprado para tenerlos, para poseerlos, porque soy coleccionista... Pienso que debería leerlos, pero... es poco realista pensar que lo haré, a pesar de que los libros te esperan. Necesito comprar libros para un menú de siete platos con entrante, postre y resopón y en cambio leo como un menú degustación de raciones diminutas... Lo mejor del caso es que, desesperada, he intentado buscar en internet información sobre la adicción a comprar libros y... me ha salido mi propio blog...

viernes, 5 de junio de 2009

Para ortografía y degustación

La ortografía no hace el talento, pero eso lo decía uno que no tenía talento y que además hacía muuuchas faltas...

jueves, 4 de junio de 2009

Hasta que no se “demuestre” lo contrario

Si una persona está en la calle tirando – pongamos un ejemplo al azar – patitos de goma, y no hay nadie más que tire patitos de goma, y a mí me vacía un ojo un patito de goma, ¿representa que yo he de respectar la presunción de inocencia de quien tiraba patitos de goma? Es que a mí estas argucias legales me desconciertan, francamente... (Porqué es eso lo que he oído por la radio: ¡que debe respetarse la “presunción de inocencia” de los que tiran patitos de goma!)

miércoles, 3 de junio de 2009

Sin prisa, pero sin pausa

No sé qué puede parecer de mi deseo de no publicar a toda costa. Quizá parezca que no soy ambiciosa, cuando es justo lo contrario. Una vez leí que, para un autor no consagrado, lo más difícil no es publicar un primer libro: ¡lo realmente difícil es publicar el segundo o el tercero! (Sobretodo si los primeros no han tenido éxito.) No querría por nada del mundo que me pasase eso: publicar una mierdecilla a toda costa sólo para poder decir “he publicado” y quedarme estancada aquí por siempre jamás. Cuando publique, quiero estar segura que lo hago porqué lo que he escrito merece la pena, y una persona que entiende ha decidido arriesgar en ello su dinero pensando que lo podrá recuperar, o sino pensado en el prestigio que ello de le dará, y que eso sea verdad y que haya una posibilidad real de éxito literario basada en la calidad de lo que he escrito, no en mis encantos personales. (Que ya sé que son muchos y variados, comenzando por mi larga melena rubio platino natural... Sé lo que debes estar pensado: ¿posee una larga melena rubio platino natural y no publica? Pues sí, ya ves, poseo una larga melena rubio platino natural (sic) y no publico... qué cosas, ¿eh?) Y que el editor que haya apostado por mis escritos una vez lo pueda volver a hacer porque la primera cosa que publiqué no la publiqué cuando no estaba prepara para hacerlo. No creo que se haya de tener prisa en publicar, y además cuando, hoy en día, con esto de los blogs, pueden desahogarse muchas urgencias comunicativas. De lo que se ha de tener prisa es en aprender a escribir bien, y eso es algo que se aprende sin prisas...
(Aviso para despistados: no fiarse demasiado de eso de la “larga melena rubio platino natural” a la hora de reconocerme... ¡se trata de un recurso literario!)

martes, 2 de junio de 2009

Indignación y consideración

¿Qué qué pienso de este texto que he publicado? Es un texto que, aunque me haya impactado, no me ha sorprendido. Era de imaginar que muchos libros se parían así, ya me lo dijo un comentarista del blog hace tiempo... Son libros que, como los libros de Sant Jordi, están pensados ex profeso para gente que no lee... Como mínimo puedo decir con orgullo que yo no compro libros de estos... Y no es que lo sepa: “mira, este libro ha sido hecho así”. No. Es que sé quienes son los autores que no lo hacen así. Por el camino puede ser que me pierda alguno que vale la pena y que se escapa, claro, pero jamás me endosaran un libro para “gente que no lee”. (Como mínimo de ficción, porque ahora mismo recuerdo que me compré el libro de Bassat, y...) Y no digo que no sea legítimo que existan estos libros; al fin y al cabo, porque estos son un negocio puede haber espacio para los otros, eso ya lo he dicho muchas veces. Pero, a pesar que sepa que si existen debe ser por algo, me continúan sulfurando, y pienso que que se hagan cosas como estas es un insulto a la inteligencia de los lectores. Pero se hacen, y son un negocio. Como mínimo durante unos meses: no creo que ningún libro de estos pueda convertirse en longseller... Y estoy segura que muchas veces se los tienen que comer con patatas... Me parece que es aquel modelo de negocio basado en vender muchos ejemplares durante un periodo corto de tiempo (cuando el libro es novedad) y nadie espera nada más allá. Yo tenía entendido que este modelo de negocio se hacia con pastillas para adelgazar entre las clases humildes en los países subdesarrollados, que se hace mucha propaganda y se pone de moda y todo el mundo se lo compra y cuando se ve que no funciona todo el mundo ya se lo ha comprado. Vendría a ser algo así... Siempre me había dado miedo, a mí, eso, escribir un libro y enviarlo a una editorial y que me lo rehicieran. Me daba miedo tanto por si consideraban que estaba mal escrito como por si consideraban que no era suficientemente “comercial”. Ahora, con el blog, eso ya no me da miedo, porqué publico exactamente lo que yo quiero, con mis propias limitaciones, y todo el mundo sabe como escribo y hasta donde puedo llegar, o sea que ya no sería posible para una editorial publicar un texto mío “manipulado”. (Claro que quizá debería hacer que alguien me corrigiera las faltas...) La ortografía no hace el talento, yo siempre la había menostenido, pero me doy cuenta que si se aspira a ser legible se ha de cuidar la presentación, y la presentación incluye repasar las faltas. Repasar las faltas es una manera de ser educado con el lector... Pero un texto sin faltas de ortografía no es tampoco necesariamente un buen texto, aunque tiene más probabilidades de serlo, eso debo reconocerlo; y, además, a mí también me gusta más leer los textos sin faltas. Supongo que el dominio de estas cosas constituyen aquello que llaman “la competencia” del escritor. Y a mí me gustaría ser más competente de lo que soy en este aspecto. Pero, en cuestiones de estilo, no permito que nadie se meta, aunque sé que también tengo mis limitaciones, y que más de una vez me hayan dicho que debería consultar un corrector de estilo; prefiero hacerlo más toscamente, pero a mi manera, antes que otra persona meta la nariz. Ahora, algo sí que me ha quedado clara: si el mundo editorial funciona así, me parece cada vez más claro que ir a una editorial con mi ejemplar bajo el brazo no es mi camino, aunque lo haya hecho en el pasado. Y, otra cosa, la manera como la autora en este texto ha accedido a “publicar” casa mucho con todo aquello que yo expliqué de los cursillos de escritura creativa, que todo se basaba en el amiguismo y en conocer a la gente adecuada. (En el “si eres amigo mío puede ayudarte”.) Poderoso caballero es Don Dinero. Y además, sé exactamente de quien debería hacerme amiga si quisiera publicar por encima de todo. Ya digo, nunca puede decirse de esta agua no beberé, pero de momento este no es mi camino. Por no hablar de que no creo que esté preparada para publicar nada, todavía.

lunes, 1 de junio de 2009

Sobre eso de juntar letras

«Conozco una historia que vale la pena de ser explicada. Va de un libro grueso y de una escribienta. La escribienta, cuando todavía no se podía considerar como tal, hace un master de escribiencia aplicada impartido por la gente que tiene la sartén por el mango. Conoce gente, que para eso paga el kilo que vale el master, y alguno de estos sartenarios, que trabaja en una editorial de prestigio, le hace una propuesta: escribir un libro.

Pues, ¡adelante las hachas! Ahora bien: el tema, lo propone la editorial: se encuadra en un género que en el mercado actual tiene mucha tirada. Le fijan la ambientación, le ponen a disposición un equipo de investigación para urdir una trama sin trampas, y le dan un plazo de pocos meses para presentar lo que antes se llamaba el manuscrito. Que no se preocupe, donde no llegue en talento, llegaran los correctores, que no sería la primera vez que deben reescribir el desiderátum de turno que les cae en las manos.

La futura escribienta, que desconoce la acentuación de los pronombres personales y la existencia de los puntos y comas, pero que tiene una Lucía Etxebarría dentro a punto de explotar, hace años que sueña su gran oportunidad. Como también hace años que se presenta a centenares de concursos con textos remedados por las amistades más letradas, que han tenido que sudar la gota gorda para volatilizar las bandadas de faltas de ortografía que lucen en su obra con todo su esplendor. Oh, es que el corrector del word eso del “si no/sino” y del “por que/por qué/ porque/porqué” no me lo ha detectado, tampoco debe ser tan importante.

La chica es “echá pa l’ante”, eso no se le puede negar, así que acepta los tratos con las mejillas encendidas y trabaja de sol a sol durante los meses acordados para parir el libro grueso de qué hablo. Si debemos nombrar el tema económico, tenemos que para todo el trabajo el importe son mil y tantos euros, y los derechos y todo el remedo, para la editorial. Si tiene éxito, ya hablaremos. Ya puedes cerrar la boca.

El caso es que el libro hace ya unos meses que luce en los colmados, hoy lo he ojeado, y puedo afirmar que tiene puntos y coma y pronombres personales bien acentuados. Cuando salió, recuerdo que la editorial le dedicó una faja publicitaria en un periódico que decía algo como: les escritora revelación del año. Y tanta revelación: para mí, descubrir como se hacen los libros hoy en día a través de ella, sí que lo ha sido, y de bien sonada. »
oportunitats/ Va de libros/ jueves, 6 de diciembre de 2007

(extraído del blog Registres Particulars)